Dos tipos de candados

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En estos tiempos donde los medios nos bombardean con altas dosis de miedo, vestidas de noticias y publicidad acerca de enfermedades y padecimientos raros, guerras, subes y bajas de la bolsa, juguetes con plomo, cambio climático y hasta tasas impositivas a comidas de perros, gatos y demás mascotas, es lógico que muchos hayan instalado candados en todos lados, tanto en forma física como metafórica.  El miedo a todo y a nada a la vez, tal parece que es ya un componente diario de nuestras vidas, sin este nos sentimos raros, así que a menudo incluso nosotros mismos nos lo instalamos para justificar ciertas acciones poco racionales.

Lo mismo pasa con las marcas y sus administradores o dueños; El brand manager promedio de hoy vive con miedos, algunos con cierta dosis de razón y otros simplemente increíbles, instalados ahí por no se que causas, lo cual se nota en las pobres estrategias -si es que de pronto hay alguna- que lanzan. Vaya, muchos de estos personajes del marketing moderno tienen miedo hasta de algo que deben de abrazar: el mercado mismo. Y es que es cierto, hay que cuidar las cosas -eso no está a discusión- incluyendo su puesto, el problema reside es que aplican ese candado por la vía del miedo mismo, miedo a perder, no a ganar.  Y es que si algo he aprendido en mi vida es que hay dos detonantes para cuidar las cosas/personas/relaciones/momentos/etc: “el miedo a perder lo que tengo” o bien “el amor que les tengo, mientras estén conmigo”.

No es lo mismo cuidar -y vigilar- por miedo, que cuidar -y atender- por amor.

Si vas a poner candados, te sugiero que uses la segunda opción, está construye, mientras que la primera eventualmente hace lo contrario.

Vigilar no es lo mismo que atender.
Esto en el marketing como en la vida misma.

Think about it.
CLJ

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