Descomponernos un poco.

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Una película más de superhéroes (ya sea de DC o Marvel), cada año.
Otra serie de TV derivada de alguna serie o película clásica.
Una historia lateral de Star Wars.
Un remake en acción viva de un clásico de Disney. Bueno, más de uno.
Rocky Balboa en otra película más. De hecho, en la segunda parte de la historia del hijo de su ex-rival y amigo, Ivan Drago incluido.
Los Men in Black en otra historia (sans Will Smith).
Y así hay un montón de ejemplos más, es como si estuviéramos en modo repeat all.

 

Es clara la tendencia de qué estamos comprando y consumiendo.

 

Y de pronto, criticamos tal o cual cosa de una propuesta diferente al bulk que nos ofrece el ‘mágico mundo del entretenimiento’, ¿porqué? por el simple hecho de ser diferente. Por ser en blanco y negro en lugar de color. Por no tener ‘suficientes escenas fuertes’ o ‘explosiones, muerte y similares’. Por obligarnos un poquito a prestar atención y observar más allá del empaque que siempre hemos visto. Por contar una historia humana y no fantástica. Por hacer uso del ojo humano para capturar bellas imágenes y no hacerlo a través de forzado CGI.

Criticamos al atrevido, por el simple hecho de atreverse (perdón por la cacofonía) pero sobre todo por incomodarnos, por intentar sacarnos de los terrenos prefabricados, incluyendo nuestras emociones.  ¿Y saben que? de vez en cuando, al mundo le cae bien ello, algo que nos descomponga y al mismo tiempo nos haga darnos cuenta que lo necesitamos para componernos un poco, para despertar del modo automático en el que desde hace tiempo decidimos adoptar.

Gracias a aquellos que se atreven a descomponernos, aunque sea un poco.

Think about it.
CLJ

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