Resultados.

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Estamos obsesionados con los resultados. Y ello nos nubla terriblemente la manera de conseguirlos.

 

Esto, aunque pueda leerse extraño, polémico o contradictorio para muchos -para la mayoría, de hecho- es una realidad que difícilmente aceptaremos mientras estemos en el círculo vicioso de «el fin justifica los medios» (en mi caso, yo siempre lo he visto como «el fin justifica los miedos») y «mi chamba es dar resultados».

 

Obvio que tu chamba es dar resultados, eso no lo necesitas gritar a los cuatro vientos.

 

¿Por qué digo esto? En mi andar en el mundo del marketing y sobre todo del desarrollo de conceptos creativos para marcas, he visto muchísimos casos en que la obsesión por el resultado, trae como primer efecto, miedo. Y el miedo paraliza, el miedo mata, el miedo es el ingrediente perfecto para no crear, sino simplemente solo hacer. 

 

Y este miedo lleva a eliminar mucho del pensamiento lateral, ese que hace que las ideas grandes,  esas que son game changing, se hagan presentes. Imagínate a Graham Bell obsesionado con cuántas líneas telefónicas se necesitan instalar y vender, para hacer rentable su trabajo, que es inventar el teléfono. ilógico, ¿no?, su trabajo era crear una nueva manera de estar comunicados, no cuan rentable sería el futuro inmediato.

 

Obligamos a los creadores de ideas (dentro y fuera de la organización) a fijarse en el resultado, privándoles de la emoción, belleza e inteligencia de concentrarse en el camino para crear conceptos, productos ganadores; los privamos de erigir cosas diferentes, que conecten con sus audiencias y mercados, cosas que hagan el famoso click en un plano emocional, para así mover acciones que lleven a la compra. Y lo peor, olvidan su función esencial, el ser generadores, distrayendo su visión y oficio en tratar de ver una cosa que no pueden controlar en el «ahora» (resultados) en lugar de estar construyendo lo que sí pueden y tienen capacidad.

 

Al final, el resultado, como su nombre lo indica (duh!), es la resultante de lo que hacemos. Esto es como un road trip,  si ignoramos el viaje y dejamos de disfrutar el camino, ¿cómo vamos a llegar felices al destino? O peor aún, ¿cómo sabremos que el destino al que arribamos es en realidad aquel al que queríamos llegar?

Ojalá y dejáramos al resultado como lo que es, la consecución de buenas ideas, bien pensadas y sobre todo, bien ejecutadas.

 

Como dice la famosa línea de la película «Field of dreams»: «Build it and they will come».

 

Think about it.

CLJ